25 Septiembre 2020 | 0:38

Randazzo y el sueño del tren

 El ministro de Interior y Transporte actualizó la información de las inversiones previstas para el sector ferroviario y las nuevas políticas de control de los conductores de las formaciones.

09.08.2013 10:37 |  Por Perandones Alejandro | 

Alejandro Perandones
Alejandro Perandones

perandones.a@gmail.com

Periodista

La conferencia de prensa tuvo un plus: videos que muestran insólitos comportamientos de algunos maquinistas.

Lo que pudo verse durante la conferencia de prensa de Florencio Randazzo dejó azorados hasta los más distaídos. Solo imaginar una formación lanzada a cargo de un motorman visiblemente dormido, o leyendo, causa escalofríos.

Teniendo en cuenta que esto sucedió pese a que los trabajadores son perfectamente conscientes de que una cámara capta todo lo que ocurre en la estrecha cabina, no cuesta mucho concluir que lo observado no es fruto de una búsqueda profusa. Más allá de algún exceso inaceptable, el marco en el cual se desarrollan esas tareas es relajado, absolutamente alejado de las mínimas normas de seguridad.

El ministro enumera, luego de compartir las grabaciones, algunas medidas de control francamente módicas: control de alcoholemia, consumos de sustancias tóxicas, adecuación tecnológica y renovación periódica de las licencias.

Perfecto, pero ¿recién ahora se implementan?

Las revisiones que deberán sortear los responsables de miles de vidas son inferiores a las que se somete a cualquier conductor de un automóvil particular.

Y hasta ayer ¿qué controles se efectuaban? ¿Cómo es posible que los sujetos que pudimos observar hayan llegado a ejercer semejante responsabilidad?

Uno de ellos, incluso, no tuvo reparos en tapar la cámara con un trozo de papel antes de tomar el puesto. Ni siquiera se molestó en evitar el registro de su rostro durante los segundos que duró la tarea.

Podría considerarse aceptable lo expresado si Randazzo fuera el funcionario de una gestión recién arribada. Si además, por supuesto, sumaba la inmediata denuncia de aquellos que ocuparon anteriormente su rol.

Pero suponer que esto lo exime de la responsabilidad solo puede ser producto de la confusión.

Aproximadamente cinco horas después de la última tragedia ferroviaria -los argentinos tenemos que decirlo así, ya que sufrimos más de una- Randazzo salió a contar todas las mejoras efectuadas sobre el tristemente célebre Chapa 1. Dejó instalada la idea del error del maquinista. Lo hizo antes del comienzo de las pesquisas preliminares.

Los representantes sindicales estuvieron a la altura (a la altura del ministro, no de las circunstancias), decidiendo medidas de fuerza que afectaron a centenares de miles de usuarios ante el comunicado de la colocación de las cámaras de seguridad.

La sociedad todavía reclama a la Justicia (y lo seguirá haciendo) una pena mayor a los dueños de la aerolínea LAPA y los encargados de fiscalizar la actividad luego del accidente del Aeroparque Metropolitano. No porque desconozca que el piloto a cargo obvió claros indicadores de riesgo. Reclama porque estos se habían naturalizado, y las respuestas profesionales no eran controladas con el rigor debido. Reclama porque la estructura se había puesto a favor de los negociados y no en línea con el bien común.

¿No hay demasiados puntos de contacto entre los dos cuadros? Independientemente del medio de transporte elegido, en definitiva, se trata de vidas que el Estado no cuidó.

Los controles básicos no pueden llegar solo cuando las encuestas empiezan a mostrar que la imagen del funcionario en cuestión muestra una curva descendente en la opinión pública.

Y si hay conductas irresponsables por el lado de algunos trabajadores, es el colectivo que los contiene el que debe denunciarlos, para separar a aquellos que nos son dignos de ocupar esos lugares. No ampararlos corporativamente, llevando a la práctica medidas irracionales que afectan a la sociedad. La misma que realiza un gran esfuerzo para mejorar la infraestructura de transporte que no logra disfrutar, pagando con riesgos y calidad de vida las decisiones de un grupúsculo que busca ventajas desproporcionadas o juega partidariamente.

La mejor definición que escuché -a lo largo de todos estos años- de la masacre de Cromañón (el boliche de Once) es que no alcanza para describir lo sucedido evaluar las responsabilidades y lo actuado por los protagonistas, los funcionarios, instituciones y organismos de control individualmente. Todo falló. Todo convivía fallando. Cromañón es un estilo de vida.
De vez en cuando, muy de vez en cuando -gracias a Dios-, la suerte no juega para nuestro lado. 
Comentarios

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Comentarios (1)

Eduardo | 10-08-2013 | 15:46

Es verdead lo que se dice en el comentario, lamentablemente siempre corremos detrás de los hechos y no para buscar soluciones, sino a quien culpar por el desastre, pero teniendo muy en cuenta no hacernos responsables, en fin como alguien dijo alguna vez somos incorregibles....