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La crisis del básquet en todos sus niveles

Las recientes declaraciones de los máximos exponentes del básquetbol nacional, ponen de manifiesto la desidia en la gestión y la administración de ese deporte, cualquiera sea el nivel de competencia que se analice. 

27.07.2014 17:47 |  Por Abraham Alejandro  | 

Alejandro  Abraham
Alejandro Abraham

aa_abraham@yahoo.com.ar

Licenciado en Ciencias de la Comunicación 

La Confederación Argentina de Básquetbol, blanco de las críticas por parte de estrellas de la NBA como Emanuel Ginóbilli y Luis Scola, puede resultar llamativo si no se analiza lo que sucede con el básquet en general. Y la institución se ha transformado en un fiel reflejo de lo que son las administraciones de ese deporte, en cualquier nivel de competencia.

Sea desde la CABB hasta una Comisión de Básquet de un club barrial, hacerse de la administración de los fondos para solventar los gastos que el deporte genera, se convirtió en la lucha por un botín del que nadie quiere rendir cuentas.

Es curioso que jugadores de la talla de Emanuel Ginóbilli tengan que aclarar que su reclamo no intenta conseguir hospedarse en los mejores hoteles o contar con las comodidades de un rockstar, sino solamente tener un balance de cuentas claras donde conste por qué no existen fondos para solventar los gastos que genera un mundial, después de haber tenido una generación que ha logrado los mejores resultados y con ellos, grandes beneficios.

Es curioso también, que se les adeuden cinco millones de pesos desde el preolímpico de Mar del Plata en 2011, y que nadie les de una respuesta sobre el pedido de una auditoría interna para saber a qué se destinó el dinero que hoy falta, por ejemplo, para los seguros que la Confederación debía realizar vía FIBA América.

Es curioso, pero real. Tanto como el manejo irregular que se hace de los fondos en las categorías formativas del minibásquet, infantiles, cadetes, juveniles y hasta la primera de cualquier club barrial. Desde los fondos que se recaudan en un evento para solventar los gastos de un encuentro de minibásquet, pasando por las recaudaciones de cada sábado o cada domingo en las mesas de entrada para asistir a un partido; hasta los kioscos improvisados que se arman en los límites de las canchas; todo aparece librado a la buena voluntad de los actores que -circunstancialmente- son los encargados, pero que están siempre; y que solo por estar, pueden no rendir cuentas de nada.

Hoy Scola dice "Queremos que se le pague a toda la gente a la que se le debe. Estamos en un punto límite. Pedimos la auditoría (interna) para saber por qué no hay plata. Muchas (razones) ya las sabemos, tenemos un montón de evidencia". Y aclara que el reclamo no es por lo que la Confederación les debe a ellos, sino por "por los 200 mil federados del básquetbol, por los empleados, por las agencias a las que se le deben, por las lavanderías".

La generación dorada será recordada por sus triunfos en cualquier cancha, por su mística, por habernos regalado tantas alegrías, por llenarnos de sorpresas, por demostrarnos que aunque parezca que no, siempre se puede un poco más. Pero hay algo más importante por lo que será difícil olvidar a Manu, al Luifa, a Prigioni, al Chapu, a Gutiérrez, a Herrmann y a Delfino: por su inmensa generosidad con las próximas Generaciones Doradas que están por venir. 
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