20 Febrero 2019 | 17:11

Sociedad

El misterio del Hombre Araña en Monte Hermoso

 

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 “Mirá, para mí, el Hombre Araña tiene que tener físico. Éste, el del barco, no tiene calza ni nada. Fijate, usa pantalones. No se trepa a ningún lado… No sé, ya te digo, el Hombre Araña no es un Mickey, no se puede hacer así como así”, sentencia la señora mientras termina unos tallarines al morrón con salsa bolognesa en restaurant de pastas de la esquina de la Plaza Bomberos. Su marido asiente cansino, mientras piensa si pide que le agreguen crema o dulce de leche al flan que ya decidió. Los dos están sentados en una de las mesas de las ventanas. Al otro lado de la calle zarpa “El Barquito”, uno de los tres vehículos de diversión infantil que trajinan las calles de Monte Hermoso.

“El Hombre Araña es distinto. La gente siempre pide por él. Los otros personajes pueden faltar, o cambiar de un año a otro, pero sin Hombre Araña no hay viajes”, dice la encargada de expender los boletos para El Tren de la Alegría. “Nosotros tenemos dos, uno negro y el otro rojo. El preferido es el rojo, el negro les da miedo a los más chiquitos, dicen que es malo -cuenta sin tapujos-. Igual, hoy no va poder venir, tiene otro compromiso. No importa, mientras el rojo esté...”

“Tuve la suerte de cruzarme con el trencito, y como soy muy llegado a los nenes me gusta mucho hacerlos reír, bailar, cantar. Ellos a veces no piensan que es un disfraz, creen que sos el personaje de verdad. Hacerlos felices me llena el alma”, relata el encargado de animarlo en el Tren de los Superhéroes.

¿Es un personaje real? Pero entonces, ¿cómo resuelven chicos y chicas el enigma de ver pasar casi simultáneamente, y varias veces cada noche de verano, a los tres? ¿Cuál es el verdadero?

La cuestión no sólo ha intrigado a la dama de los fideos. Pese a que es una temporada tranquila a nivel de consumo popular es muy buena la asistencia de visitantes y casi no quedan plazas vacantes en una de las pocas ciudades balnearias que miran al sur en la Argentina. En ese marco, no hay un turista que no se pregunte quién vive detrás de la máscara, y quién, si no el genuino, es el mejor heredero del rol.

“Un Hombre Araña no puede dejar de moverse, ése es el secreto”, dice quien respira bajo la máscara del que viaja en el Tren de la Alegría (el rojo, el que asistió puntualmente a cumplir con su misión legendaria).

Como en la vida de cualquier otro superhéroe, el misterio tiene múltiples dimensiones. La primera es un ingrediente fundamental para la provocar fascinación al verlos en acción: sentir encarnadas nuestras ilusiones, ver en persona -en los paisajes que transitamos a diario- a los protagonistas de las mejores fantasías. La segunda realimenta la intriga básica, ¿dónde están cuando el deber no los llama? ¿A qué se dedican durante el día?

“La vida del Hombre Araña debe ser discreta”, dictamina el rojo con la contundencia de un ejecutivo de Marvel. Los otros, aunque de otra manera, parecen sostener la misma idea: “Yo vine a hacer la temporada. Soy de Tortuguitas. También me la rebusco con el tatuaje, pero en verano el sol te juega en contra. Ya en invierno nos acomodaremos con eso. Así que la voy llevando con el mantenimiento en un hospedaje que está a pocas cuadras de donde arranca el tren. También hago dibujos, retratos. ¿Dónde va a salir esto? me gustaría que vieran mis trabajos”, confiesa el del Tren de los Superhéroes mientras reconoce “debajo de esta máscara hay una persona”.

“Durante el día ahora no hago nada, estoy de vacaciones. En invierno voy a la escuela. Estoy en el último año. Pronto voy a tener que conseguir un laburo, algo tranqui”, proyecta el benjamín del grupo, acodado a estribor del Barquito y con las ropas holgadas.

Las sesiones con chicos y padres confirman nuestras consideraciones preliminares. Los otros personajes protagonizan alguna que otra selfie. El Hombre Araña necesita dedicarle un buen rato a esos trámites. “Todos los días se queda gente esperando para sacarse fotos con él”, nos confirma resignada la Doctora Juguetes, mientras busca persuadir pasajeros infantiles en el lugar de salida.

“¿Es rápida la nota? Si no, dejame ir al baño y vuelvo -dice el encargado del personaje sobre El Barquito. Le prometimos que lo haríamos en pocos minutitos y accede-. Está bueno ser el Hombre Araña. La gente quiere que le tires telarañas, pide los poderes. No siempre fui este personaje. El año pasado fui Mickey. Este está mejor, te podés mover para todos lados. Es como que sos más libre. El Hombre Araña no puede estar quieto. La relación con los chicos es bárbara. Son bastante buenos los pibes.”

“Es bárbaro ser el Hombre Araña, los chicos se ponen muy contentos cuando te ven, te saludan en la calle cuando pasa el tren. Yo, cuando arranqué, estuve una semana como El Sapo Pepe, y después pasé a Spider-Man. Creo que es uno más de los personajes, pero hay que moverse más, hacer alguna pirueta”, dice, justamente, el que más se destaca por sus proezas físicas. Mientras a los demás se los puede ver bailando dentro del vehículo o tocando animadamente la pandereta, el del Tren de la Alegría cruza la noche montehermoseña sobre los techos en la clásica pose acuclillada del personaje, sorprendiendo turistas en las esquinas
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“A mí el Hombre Araña me encantaba. Por eso lo soy ahora. Podría volver a hacer otros personajes, tranquilamente. Pero tuve la oportunidad y bueno, ¡no la desaproveché!”, se jacta el del Barquito. Algo semejante ocurre con sus colegas: “¡Vi todas las películas, todos los episodios! Así que pude entrar bien en el personaje”, enfatiza el del Tren de los Superhéroes.
“La relación con el Hombre Araña del trencito es buena, me llevo bien. Y con el otro bastante buena onda, también”, amplía. Todos reconocen una adecuada convivencia. “Tampoco es una amistad, ¿eh? -aclaran-. Pero no hay rivalidad”.

Norberto Del Prado, narrador oral y titiritero, creador del Tren de los Superhéroes y del teatro de títeres El Vagón, lleva muchos años recorriendo la Argentina entreteniendo chicos. Descubrió en tantos kilómetros que hay que actualizar los personajes y por eso este año sumó Anna Frozen a su troupe. Sin embargo, los clásicos no se bajan. O al menos solo transitoriamente. “Minnie no está estos días. Vuelve el viernes, se fue de vacaciones con Mickey a otro lugar”. Testimonio que confirmaría la versión que sostiene que son pareja también en la vida civil. Nos queda para otra nota averiguar si esto también se repite en otros trenes de paseo, pero hoy el foco de nuestra investigación está posado sobre Spider-Man.

“El Hombre Araña es el personaje favorito. Es la atracción tanto de niños como de niñas. Disfrutan todos, pero sobre todo durante el viaje, porque los hace bailar, cantar, reír, divertirse sobre el tren”, recalca. “Es lo que pretendemos. No queremos un Hombre Araña acróbata que ande subido al techo. Es peligroso. A veces creen que son personajes y no lo son. Sobre todo después de la que sucedió en Villa Gesell, donde había uno que realmente era Spider-Man, subía a los árboles, a los postes de la luz, se tiraba sobre el tren. Hasta que ocurrió un accidente y, lamentablemente - dice inclinando la cabeza-, el Hombre Araña murió.”

En ese momento, Anna Frozen parecía sollozar. Del Prado salvó rápidamente la situación: “Por eso ahora decimos que el Hombre Araña lo único que tiene que hacer es divertir a los chicos que viajan dentro del tren -Anna asiente con la cabeza, recuperada-. Alegría para toda la familia”, subraya.

Y en eso andan los tres, cada uno en su tren. Sus preocupaciones para el flamante año coinciden con las de los ciudadanos de a pie. “Ojalá el 2019 traiga mucho trabajo, que no falte nada”, desean.

Pablo Holcer, el argentino que trabajó en la composición digital de la imagen de la nueva película de la saga, Spider-Man: un nuevo universo, explicó que ya no hay un arácnido sino seis que se combinan. Tal vez, no sean los creativos de Sony Pictures los primeros en imaginar un marco proclive a la diversidad para el hijo más querido de Stan Lee.
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Fecha: 15/01/2019

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