26 Septiembre 2020 | 6:16

Los otros agujeros negros del MoMA

Los otros agujeros negros del MoMA

foto:MoMA

por Gaston Giribet (*)

A fines del año pasado se dio a conocer que la colección del Museo de Arte Moderno MoMA, de Nueva York, acababa de adquirir la fotografía de la primera imagen tomada de un agujero negro.
La imagen del astro, señalada por la revista Science como el mayor logro científico de 2019, había sido publicada en abril de 2019, y corresponde a una observación astronómica realizada dos años antes, en abril de 2017.

  • achicar
  • agrandar
  • Imprimir
  • enviar

Se trata de un verdadero hito científico, y es el resultado del trabajo conjunto de cientos de científicos trabajando en la coordinación de ocho radiotelescopios emplazados en diferentes sitios del planeta: en Arizona, Atacama, España, Hawái, México, el polo sur, entre otros. El consorcio internacional Event Horizon Telescope (EHT) coordina la red de telescopios que convierte a la Tierra en un radiotelescopio virtual de tamaño planetario, el tamaño necesario para observar la diminuta imagen del agujero que se encuentra en el centro de la galaxia Messier 87, a más de cincuenta millones de años luz de aquí.

La colección del MoMA ha adquirido una copia de alta calidad de la imagen del agujero negro de manos de Peter Galison, profesor de la Universidad de Harvard y realizador cinematográfico.

                               
No es nuestra intención aquí ensayar acerca del valor de la imagen como ícono, ni del valor que podría tener la adquisición del MoMA como acción artística. Podríamos gastar horas discurriendo piadosamente sobre eso; sobre las resonancias con otras obras contemporáneas que también nacen de la documentación de hitos en el siglo XX; sobre la contextualización de la obra de arte y otros lugares comunes que terminen, como siempre, citando a un celebérrimo ajedrecista; sobre los horizontes externos de la obra, por usar una jerga fenomenológica; sobre la imposibilidad de la experiencia aureática frente a una imagen que no sólo es imagen sino que es, además, imagen de aquello que es ausencia del espacio-tiempo en el que es. Hablar de todo ello sería aburrido y pretensioso. Se lo dejamos a otros. Divirtámonos aquí pensando en otra cosa, más ligera, más feliz: Pensemos en los otros agujeros negros del MoMA. Pensemos, por ejemplo, en la obra de la brasilera Anna Maria Maiolino, de 1974, titulada justamente “Agujero negro”. Un espacio de papel, que no sólo “dibuja objetos” sino que inventa espacios que se abren dentro del espacio mismo.

                              

Pensemos también en esa obra de 1959 sin titular de la genial Lee Bontecou.

                              

Sobre ella, Bontecou decía algo así como: "[En esos tiempos] yo disfrutaba y me sentía entusiasmada acerca del espacio exterior”. Los agujeros negros, “entidades peligrosas, enormes, intangibles”.

Pero volviendo al primero de estos agujeros negros del MoMA, al de la foto: Ahora que el museo lo ha adquirido, no debería extrañarnos si la próxima vez que apuntemos nuestros telescopios hacia la constelación de Virgo con la intención de encontrarnos con él, veamos también junto a él, abajo a la derecha, un pequeño punto rojo que antes no estaba allí.



(*) Gaston Giribet,

Profesor de la Universidad de Buenos Aires e Investigador Principal del CONICET.



  • achicar
  • agrandar
  • Imprimir
  • enviar

Fecha: 13/02/2020

Comentarios

IMPORTANTE: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellas pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algun comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.

Por favor, ingrese el siguiente código y luego haga click en botón de envío. Gracias.

Comentarios (0)