08 Agosto 2020 | 18:11

Ciencia

Planeta-9. Un noveno mundo

Planeta-9. Un noveno mundo

La masa de Planeta-9 sería unas cinco o diez veces superior a la de la Tierra - Foto: G. Giribet

Por Gaston Giribet*

Planeta-9 es el nombre que recibe un astro hipotético que se ubicaría en los confines de nuestro sistema solar, a una distancia de centenares de unidades astronómicas, lo que equivale a unas decenas de miles de millones de kilómetros de aquí. A tal distancia, la órbita del Planeta-9 alrededor del Sol, órbita por cierto excéntrica, llevaría más de cien siglos en ser completada. 

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 Se estima que la masa de Planeta-9 sería unas cinco o diez veces superior a la de nuestro planeta, y probablemente sería más denso que éste. Pero, antes de continuar su descripción y de hablar de las razones para creer en él, hablemos un poco de la historia de esta hipótesis:

Neptuno fue el último gran planeta de nuestro sistema en ser descubierto, allá por 1846. Los vaivenes de Urano pedían por él; lo delataron. Luego, las perturbaciones en las órbitas de Urano y de Neptuno llevaron a Percival Lowell a conjeturar la existencia de otro gigante, de un noveno planeta. Pero el que Lowell propuso no es el Planet-9 del que aquí hablamos, sino otro redondo conjetural al que llamó Planeta-X. Por aquel entonces, entre la década del 80 del siglo XIX y la primera década del XX, había muchos otros astrónomos que aventuraban hipótesis sobre la existencia de planetas más allá de Neptuno; pero Lowell es reconocido por haber hecho su propuesta de manera lo suficientemente precisa; tan precisa que otros se lanzaron a la empresa de observar al Planeta-X. Entre ellos estaba Clyde Tombaugh, quien lo buscó insistentemente hasta dar accidentalmente con Plutón en febrero de 1930. Plutón era muy menor al conjeturado Planeta-X, por lo que nunca se lo confundió con este último. No obstante, no es necesario decir que el descubrimiento de Plutón se trató de un hermoso premio consuelo y un gran hallazgo.

Más tarde, en 1989, los vuelos de la sonda Voyager 2 de la NASA nos dejaron como enseñanza que no todo lo que creíamos de la órbita de Neptuno hasta ese momento era acertado y, desde entonces, con nuestros cálculos reajustados, la hipótesis del Planeta-X ya no nos fue necesaria.

Unas décadas más tarde, más precisamente en 2004, se descubrió 90377 Sedna (o simplemente Sedna), un planetoide del sistema solar exterior cuyas dimensiones rondan las tres cuartas partes las de Plutón y que orbita al Sol de manera peculiar. Sedna tiene una órbita extraña: elíptica, descentrada, desaprendida. Su trayectoria parece tironeada por los hilos invisibles de otro astro, aún desconocido.

Otros planetoides y asteroides lejanos se encuentran en situación similar, tironeados, estirados, inclinados. Esto reflotó la vieja idea de que un planeta con una masa superior a la de la Tierra podría existir mucho más allá de Plutón, decenas de veces más allá. Sería el influjo gravitatorio se ese astro, el aún inobservado Planeta-9, lo que estaría incitando la sublevación de los objetos transneptunianos.

En la última década, y sobre todo a partir de 2012, las especulaciones sobre la existencia del Planeta-9 se consolidaron y las conjeturas sobre su existencia devinieron propuestas más precisas. Son muchos los astrónomos que contribuyeron a esto. Recopilando las evidencias de la existencia de un noveno planeta, las siguientes aparecen como las más convincentes: La inusual distribución de las órbitas de objetos transneptunianos, la rebelde inclinación de las órbitas de los mismos respecto al plano orbital de los ocho planetas conocidos, los perihelios anómalamente grandes de Sedna y de sus compañeros; todo ello, tendiente a delatar a un esquivo noveno mundo.

Pero una pregunta se impone: Si el Planeta-9 está ahí afuera, ¿cómo llegó allí, tan lejos? Dos hipótesis de su origen son posibles: La primera, imaginarlo un exiliado; expulsado a los confines del sistema solar por la fuerza de un Júpiter celoso. La segunda, pensarlo como un planeta errante, capturado luego de haber abandonado los dominios de otra estrella.

En los últimos años las observaciones mejoraron considerablemente y los datos permiten predicciones más precisas: El Planeta-9, de una masa 5 veces superior a la de la Tierra, se ubicaría a unas 400 o 500 unidades astronómicas del Sol (centenas de veces más lejos que la distancia que separa la Tierra del Sol), tendría una órbita inclinada en un ángulo de 20 grados y una excentricidad orbital pronunciada (de entre 0,1 y 0,3).

A pesar de estos detalles y del esfuerzo por acorralarlo, hay quienes se muestran escépticos o, al menos, cautelosos acerca de su existencia: Muchos trabajan en proponer explicaciones alternativas a los fenómenos que sugieren la existencia del Planeta-9. Aunque las observaciones astronómicas actuales no son capaces de descartar la presencia de un planeta del tamaño de Neptuno allá afuera, no todos se sienten cómodos proponiendo que éste exista; al menos, no basándose en la evidencia con la que hasta el momento se cuenta.

Pero también están los otros, los que sí sueltan riendas y dejan galopar la especulación hasta el fangoso terreno de la conjetura: Entre ellos se encuentran los que incluso piensan que Planeta-9 podría tratarse de un agujero negro primordial del tamaño de una bola de pool; e incluso hubo quienes propusieron ir a su encuentro o mirar lo que el comportamiento de los cometas de Oort tiene para decir de su presencia.

Recuerdo que cuando yo era un niño leía apasionado los artículos de las revistas de divulgación acerca del hipotético Planeta-X. Recuerdo que me entusiasmaba mucho la idea de su existencia. Cuando, en 1989, ese sueño cayó junto a los de otros muros, todo se volvió tan neptúnico. Hoy, con el Planeta-9, vuelve a nosotros la idea de que, quizá, otro mundo es posible.

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*Profesor de la Universidad de Buenos Aires FCEN-UBA, Investigador Principal del CONICET

 
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Fecha: 29/07/2020

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