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Opinión

En qué nos convertimos los hinchas

En qué nos convertimos los hinchas

Foto: Infojus

Alejandro Abraham

La violencia en el fútbol se fue superando a sí misma hasta desencadenar en una intolerancia hacia el otro que ya no se conforma con ganar. Ganar ya no alcanza. Hay que destruir al otro con todas las armas al alcance. Hay que humillarlo, denigrarlo, y hacerle padecer la peor tortura.

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Voy a la cancha desde que tengo siete años. Mi viejo, de la mano, me ayudó a subir las escaleras de la tribuna local de Vélez cuando todavía daba a Reservistas Argentinos. Hoy hago lo mismo con mis hijos, y seguimos subiendo ahora juntos, con mi Viejo. El fútbol es parte de mi vida desde siempre, y Velez siempre fue parte de la familia. Soy un anónimo, un hincha más. Me conocen los míos, no trasciendo por nada hacia ningún público y siento que es un día triste. Parecido a cuando deja este mundo alguna figura de la farándula que uno siente cercana. Un día de luto, digamos.

Me duele que hayamos construido esto con lo sagrado del fútbol de los domingos. Ese que esperábamos con el ritual de los fideos amasados por mi abuela Matilde o los canelones de Blanquita mi Vieja, para embanderarnos y salir de raje cerca de las tres de la tarde a la cancha. De ese ya no existe nada más. Lo rompimos todo. Lo convertimos en una muestra chabacana de lo que somos, donde lo importante ya no es ganar, con eso ya no alcanza: queremos que el otro sufra, se vaya humillado, que se convierta en el ser más despojado e infelíz que pueda ser. Lo queremos matar.

Y hay tantos culpables para que sucediera eso. Acaso somos cada uno de nosotros, los que creímos que el fútbol nos iba a salvar de nuestras carencias, de nuestras debilidades, de nuestros errores, de todo eso. Todo eso volcado ahí, en once pibes que no superan los 25 años de promedio y que con sus caras de miedo, deben convertirse en los hombres dignos de la gloria de todo un pequeño universo que es un club atlético.

Creo profundamente que la base de este desencuentro está en nuestro detrimento del “otro”. Ese otro que nos hace existir a partir de su existencia. Pero que no nos importa. No nos importa si la pasa mal, si sufre, si necesita algo, si quiere viajar en el mismo tren, si quiere ocupar un lugar en la misma autopista por la que circulo; si puedo le cago el lugar, le tiro el auto, lo dejo abajo del tren o del bondi, lo primereo en la fila de la panadería, le cago el asiento; y así educo a mis hijos, empujando al que quiere sacar una foto en el acto, lo miro con desprecio, lo desprecio. Eso es lo que somos y hay que hacerse cargo. El prójimo me importa un carajo aunque el domingo vaya a misa y le ofrezca mi paz al de al lado. No se la doy porque no la tengo y nunca la tuve para ofrecérsela.

¿Cuándo pasó que nos convertimos en esto?. Porque bronca por el rival siempre tuvimos. Siempre quisimos ganar. Siempre tuvimos pasión por una camiseta. Pero ¿cuándo la transformamos en odio visceral por el otro?. ¿Cuándo quisimos matar al otro que no era hincha de mi cuadro?. ¿En qué momento nos sucedió que al mirar la luna llena nos salió espuma por la boca?. No sé cuando fue. Pero ayer en la Boca pudimos comprobarlo.

Terminemos con la hipocresía de los medios hablando de los inadaptados de siempre, del grupo de veinte, reducido. Ayer la Bombonera era un Circo Romano. Faltaba que los leones rompieran las cadenas y devoraran a los de la franja roja. El público en las gradas pedía sacrificio, sangre y sudor. Y no admitía una derrota. No estaba en los papeles de nadie perder. No existía esa posibilidad. Solamente pasar a los cuartos, pasa Boca o de la Boca no se Ba nadie; “shomo’ Boca Papá, shomo’ Boca papá!!!!”. Cuánto de todo aquello no es fomentado por los propios medios, que ayer se rasgaban las vestiduras por semejante acto vandálico.

Boca es tan grande que no necesita de nada para confirmarlo: ni de los medios, ni de la política, ni de la televisión, ni de los periodistas, ni de los barrabravas. Boca es grande porque grandes han sido sus conquistas, sus triunfos, sus trofeos. Pero también porque grandes fueron sus derrotas locales e internacionales. Tampoco necesita a esos cien que mostraba la tele en la platea, revoleando botellas llenas de agua intentando acertar sobre la cabeza de cualquiera. Todo es grande en Boca y siempre lo será. Tan grande es como la vergüenza que muestran sus hinchas verdaderos hoy. Esos que viajaron miles de kilómetros para conocer la Bombonera por primera vez. Esos que dejan parte del sueldo en el pago de cada abono para tener la entrada segura. Esos que sufren con cada pelota en el palo, esos que alientan sin parar.
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Fecha: 15/05/2015

Comentarios

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Comentarios (3)

Abel | 18-05-2015 | 16:31

Es así Hermano .
Vivimos sin valorar al otro y así somos como sociedad. Sólo aparecemos cuando el prójimo esta en el extremo de tolerancia. La tele vive del espectáculo negativo, sino porque siguió la transmisión. ? Solo se alentó al caos. Y por una pequeña parte de la población terminamos todos perjudicados. Abrazo


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Daniel | 15-05-2015 | 17:23

Comparto tu sentir. Mas allá de mis colores tambien estoy muy triste. Esto es el fiel reflejo de nuestra sociedad.


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mariela delfaud | 15-05-2015 | 16:38

Exelente nota! la comparto en su totalidad! gracias por la perfecta descripcion de lo que,lamentablemente,es hoy el futbol de nuestra sociedad! Que triste....saludos !!!


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