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Opinión

La cuenta regresiva

Por Daniel Artana, economista de FIEL
@ArtanaDaniel 

En el camino hacia las elecciones presidenciales, el estado de la economía cobra un interés particular por la influencia que puede tener sobre algunos votantes indecisos.

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En el camino hacia las elecciones presidenciales, el estado de la economía cobra un interés particular por la influencia que puede tener sobre algunos votantes indecisos. Proyectar la situación económica de los próximos meses tiene una dificultad especial porque los indicadores cualitativos -como los que miden la confianza del consumidor-  se mantienen en un nivel alto que no condice con los indicadores disponibles de actividad. Sin embargo, algunos de éstos comienzan a mostrar alguna señal de recuperación.

Esta mejora es visible en la construcción; datos privados de producción muestran una mejora interanual en los últimos meses, tendencia que se ve confirmada por el aumento en el empleo formal del sector.

En la industria, los problemas continúan. Si bien, el Índice de Producción Industrial (IPI) de FIEL -corregido por estacionalidad- se ubicó en mayo 2,3% por encima del valle observado en diciembre de 2014, todavía está en el mismo nivel que el promedio de los 12 meses comprendidos entre junio 2014 y mayo 2015. Los próximos meses pueden mostrar alguna recuperación si el gobierno relaja la restricción de divisas para la importación de insumos que limita la producción en algunos sectores, como los electrodomésticos y la industria automotriz.

A nivel minorista, las ventas de supermercados continuaron cayendo en el último trimestre disponible (marzo-mayo) a un ritmo de 2% real interanual y las de centros comerciales muestran una evolución algo mejor luego de que el INDEC revisara hacia arriba las ventas de los meses de marzo y abril, aunque mayo vuelve a mostrar una contracción en pesos constantes. En cambio, las ventas de automóviles 0 Km mostraron una caída de 15% interanual en mayo.

El efecto de la mejora en las jubilaciones por la desaceleración en la inflación con aumentos calculados en base a inflación pasada impactó con mayor fuerza en abril y este fenómeno se repetiría recién en octubre. En lo que concierne a los asalariados formales privados, las mejoras se fueron cobrando en diferentes meses con retroactivos en algunos casos (por ejemplo, en el sector Comercio -que es el gremio con mayor cantidad de trabajadores- se pagó a comienzos de junio). Estas mejoras en el poder adquisitivo de jubilaciones y salarios pueden haber influido en la confianza del consumidor, pero su efecto debería moderarse en los próximos meses.

La evolución de la posición fiscal y de las cuentas externas muestra que los desequilibrios aumentan. El déficit fiscal “genuino” terminaría el año en alrededor de US$ 35.000 millones y el déficit de caja en la cuenta corriente del balance de pagos rondaría los US$ 10.000 millones, aún a pesar de las restricciones al giro de dividendos, regalías y pagos de importaciones. La caída en las exportaciones se ha profundizado con el correr de los meses, aún a pesar de la buena cosecha agrícola.

Además, el cepo cambiario ha provocado un “exceso” de pesos en relación a lo que podría esperarse dada la evolución de las variables macroeconómicas. Por ejemplo, la base monetaria se ubica en la primera mitad del año alrededor de 2 puntos del PIB por encima del promedio observado en 2008-2011. En la medida en que este “exceso” de pesos pretenda dolarizarse, ello puede presionar a la cotización del dólar blue antes de las elecciones. Y aún bajo el supuesto de que no se realiza una corrección durante lo que resta del año, ese exceso limitaría en el futuro la capacidad para financiar el déficit fiscal en el mercado local de crédito en pesos.

Nótese que el crédito del sistema financiero al sector público (incluyendo títulos nacionales y provinciales y letras del Banco Central), que en el año 2011 equivalían al 34% del total de depósitos del sistema, podrían llegar a finales de este año a cerca del 50%. La consecuencia de esta mayor absorción de la capacidad prestable de los bancos por parte del Estado generó un efecto desplazamiento en el crédito al sector privado evidenciada en una caída que, medida a precios constantes, acumularía alrededor de 20% entre 2013 y finales de 2015.

En la medida en que no se reduzca el déficit fiscal hacia adelante y ante la escasez de reservas internacionales, el nuevo gobierno debería optar entre mayor emisión/inflación, acentuar la caída del crédito al sector privado o financiarse en el mercado internacional de capitales, lo que requiere de un acuerdo con los fondos buitres. Parecería que independientemente de quien sea electo presidente, la alternativa de acceder al crédito internacional luce más atractiva, mientras que una reducción en los subsidios a la energía luce como el candidato natural para disminuir el déficit fiscal.

Algunas reformas a favor de la actividad económica, como la reducción de retenciones y restricciones cuantitativas a las exportaciones, también aparecen como probables cualquier sea el resultado electoral. Estas medidas equivalen a una mejora del tipo de cambio por la vía fiscal o por medio de un acercamiento a los valores internacionales que impactará en los precios mayoristas de estos productos. De todas maneras, sería insuficiente para corregir el atraso cambiario que la depreciación de la moneda de Brasil puso en evidencia.

Las diferencias entre el oficialismo y la oposición aparecerían por la velocidad que se imprima a las correcciones y por algunas diferencias de fondo. Un mercado cambiario dual, un acuerdo de precios y salarios y algún aumento en impuestos poco visibles para el votante medio tendrían mayor probabilidad de ocurrencia si gana el candidato del oficialismo. Además de que generan distorsiones, podrían desalentar inversiones o la entrada de capitales ante una señal menos contundente de cambio de régimen económico respecto de la política adoptada desde finales de 2011.

Si no ayuda una mejora en el precio de las commodities o en la economía de Brasil, las posibilidades de crecimiento durante los cuatro años de la futura administración dependerán de recrear las condiciones para un aumento importante en la inversión. Esta mejora será más rápida si se percibe que la política económica es consistente y se abandonan los controles ad-hoc que pocos países del mundo aplican. El éxito de mediano plazo está asociado al abandono, y no a la continuidad, de un modelo populista agotado.
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Fecha: 03/07/2015

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